Mercedes Alonso no quiere declarar sus bienes. Se niega en rotundo a que los ciudadanos a los que pretende gobernar –que son nada menos que todos los ilicitanos- conozcamos sus actividades económicas. Bajo ningún concepto. En un momento en el que cada día vemos nuevos titulares de casos de corrupción en los medios de comunicación, la aspirante a alcaldesa bajo la que se mueven sombras de presuntos asuntos nada limpios, mira hacia otro lado al ser preguntada por sus “abrazos” con el Bigotes, no tiene nada que decir sobre la financiación de su campaña electoral –aunque en los informes del caso Gürtel aparece como contacto en la ciudad- y no quiere ni oír hablar de rendir cuentas sobre los bienes de los que es propietaria. Por supuesto esta negativa sólo está dando pábulo a nuevos rumores sobre sus posesiones y su procedencia. La corrupción no es exclusiva de un grupo político, sino de personas sin conciencia. Desgraciadamente, nuestro sistema electoral favorece los casos de gestión interesada de los fondos públicos y hace posible que auténticas mafias de tráfico de influencias se establezcan ilimitadamente en el poder. Cuando a los ciudadanos nos cuentan que hay políticos que guardan con recelo el secreto de su patrimonio, no podemos evitar que algo nos huela muy mal. Con el fin de garantizar la transparencia y la limpieza en nuestros políticos, el Pleno del Ayuntamiento de Elche acordó que todos los concejales deberían hacer pública su declaración de bienes. Hace sólo un año y medio, Mercedes Alonso era quien pedía al Alcalde que hiciera esta declaración, pero las cosas cambian cuando Alejandro Soler no sólo hace públicos sus bienes, sino que lo hace todo el equipo de gobierno, junto con el concejal díscolo de la disciplina mercenaria, Emigdio Tormo. Pero cuando llega el turno de medirse con el mismo rasero, Alonso da la callada por respuesta. Será que siente vergüenza de no llegar a fin de mes, tal y cómo afirmó en el debate celebrado por las familias numerosas en 2007, en un clarísimo insulto a los trabajadores que realmente tienen dificultades para dar de comer a su familia.
En Elche los ciudadanos han demostrado una y otra vez no ser votantes fijos de un partido político. El electorado distingue perfectamente la institución para la que vota, y en el Ayuntamiento siempre han confiado en una mayoría de izquierdas. No es de extrañar. Las gestiones desarrolladas por los distintos equipos de gobierno que los votantes hemos elegido desde la reinstauración de la democracia han sido buenas. Además, enfrente nunca ha existido una alternativa capaz de dar respuesta a los problemas de la ciudad y ganarse la confianza de los ilicitanos. Hoy tampoco existe esa oposición, aunque es cierto que en estos cuatro años el PP ha hecho mucho más ruido. El ruido se conoce en sociología como toda aquella perturbación que no permite escuchar el sonido principal, tapando lo realmente importante. Y es lo único que el PP de Elche sabe hacer hasta el momento, ruido.
Para gobernar, Mercedes Alonso debería de tener dos cosas de las que carece absolutamente. En primer lugar, propuestas. En segundo, fiabilidad. El PP de Elche no tiene propuestas, tal y cómo queda demostrado en cada Pleno Municipal. Y la fiabilidad no es para quien esconde su patrimonio contra viento y marea. Nuestro Alcalde tiene las dos cosas, y por eso seguirá al frente de la ciudad durante muchos años.