Hace un año y medio, en este mismo blog, teoricé en un artículo titulado "El Rey de Valencia" sobre la estrategia de Camps para llegar a ocupar la silla de Rajoy. En aquel momento, el Molt Honorable se había convertido en el principal apoyo del Presidente del PP, muy tocado tras la debacle electoral de 2008 y con Gallardón y Aguirre en plena batalla abierta por la sucesión. Francisco Camps adoptó entonces una inteligente estrategia, la de apoyar a Rajoy, esperar a que se derrumbase por su propio peso, y mientras ver como los dirigentes madrileños se quemaban en la batalla interna.Y las cosas le iban muy bien, hasta que meses después se vio salpicado por lo que en un principio parecía un dudable modo de proceder en algunas adjudicaciones. Poco a poco el caso Gurtel fue siendo desvelado, y al poco tiempo teníamos la sensación de que Camps andaba metido en algo muy pantanoso. Rajoy le devolvió el apoyo prestado, y vino hasta Valencia a darle todo su respado. Entonces se hablaba de unos trajes por aquí, unas adjudicaciones por allá, algunos municipios en los que las constructoras habían conseguido recalificaciones imposibles...
Hoy conocemos que no se trata de un caso aislado. En el PPCV la forma de proceder de los acólitos de Camps ha sido esa. Y todo apunta a una posible trama cuyo objetivo era el del enriquecimiento personal de los implicados utilizando dinero público, y el de financiar al Partido Popular. Así lo señalan los informes policiales. Y el nombre de Francisco Camps "El Curita" (como le apodaban cariñosamente los miembros de la red mafiosa) está por todas partes.
El Príncipe ha sido destronado, y su carrera política está inexorablemente dirigida hacia el fracaso. Y Rajoy se ha dejado enredar por esa mala hierba que se situó a la sombra de un gran árbol en proceso de caída libre. Es curioso que quien más reforzado esté saliendo de toda esta gran crisis que atraviesa el Partido Popular, y que sólo puede terminar con una profunda renovación interna, sea aquel que ahora se está manteniendo a la sombra, alejado de los micrófonos y prudentemente en apartado en el sillón de la Alcaldía de Madrid. Y si no, al tiempo.