domingo 3 de enero de 2010

A pesar de los pesares

Zapatero es y ha sido el mejor presidente desde la reinstauración de la Monarquía Parlamentaria. Sostener esta afirmación hoy, cuando miles de familias están viviendo situaciones realmente dramáticas, sin ingresos y con la losa del crédito hipotecario, puede parecer difícil, hipócrita e incluso desvergonzado. Sin embargo, el presidente menos escorado a la derecha que ha conocido este país desde 1939, ha superado con éxito la prueba del tiempo, y ha sabido responder con más o menos acierto los retos que se le han planteado. La primera legislatura fue sin duda la de los derechos sociales y el debate territorial (el gran tema pendiente, junto a la monarquía y al sistema económico que queda pendiente desde la conversión del franquismo al juancarlismo), y esta segunda etapa está siendo la de hacer frente a la crisis sin dar un sólo paso atrás en lo que a derechos laborales y sindicales se refiere. Las recetas de la derecha y la patronal son de sobra conocidas por todos: recorte salarial, recorte del aporte a las cotizaciones de la seguridad social, flexibilización del mercado laboral (o dicho sin eufemismos, despido libre), aumento de la jornada laboral, contratos menos estables... en resumen, salir de la crisis haciendo que unos pocos se forren a costa de otros muchos que se empobrecen tanto económica como laboralmente.

Los socialistas rechazamos de plano estas propuestas. De la crisis sólo hay una forma de salir: por la izquierda. Cualquier otra solución que se plantee es falsa, y sólo constituye un aplazamiento del colapso capitalista a costa de reducir los derechos de los trabajadores. Sin duda, la manera de enterrar definitivamente la sombra del capitalismo (un fascismo cruel de cara amable y de esperanzas frustadas) es alzar una bandera roja, verde y blanca. Roja en cuanto a derechos y organización del sistema económico. La Ley de Economía Sostenible parece a priori un buen punto de partida. Somos muchos los que opinamos que es necesaria la creación de un Banco Nacional, preferiblemente en el marco español, aunque exportable a referentes europeos. Dejar el dinero, el crédito y la gestión de las rentas en manos exclusivamente privadas es una irresponsabilidad, porque ante una crisis en el mercado se produce la catástrofe social. El Estado (o una estructura supranacional como la UE) debe de tener la competencia de fijar los tipos de interés, facilitar el crédito y crear las condiciones propicias para una economía sostenible en la que el protagonista sea el ciudadano y no el mercado. Sin embargo, el ámbito internacional en el que nos movemos (la Unión Europea que ahora presidimos y que tanto ha ayudado y beneficiado a España) no es proclive en este momento a medidas económicas socialistas, y poco margen de movimiento vamos a tener en este punto mientras no se produzca un cambio en Europa.

El color central de esta nueva tricolor de la que hablaba en el párrafo anterior debe de ser el verde. El capitalismo se conduce sin frenos hacia un precipicio ambiental, hacia un colapso sistémico que no sólo causará tensiones internacionales e incluso guerras (por una vez en mi vida coincido con la Santa Sede), sino el desastre ecológico. El gobierno de Zapatero ha apostado durante estos años decididamente por el desarrollo de energías renovables, aunque este es un tema en el que sin duda habrá que continuar avanzando.

Y blanco. Blanco no sólo por la paz, pilar indestructible del socialismo, sino por la justicia social. La ley de dependencia, a pesar de que la derecha está descubriendo ahí su cara más dura ante las dificultades que pone para su aplicación es necesaria, solidaria y da a todos los ciudadanos la seguridad de que en caso de que necesiten asistencia van a poder contar con ella. De poca justicia social se puede hablar en un momento en el que España cuenta con 4 millones de parados. Pero aquí no hablamos de un fallo del gobierno, aquí de lo que hablamos es de un fallo en el sistema, que se lleva al extranjero el tejido productivo y que basa su estabilidad en el fomento de una burbuja inmobiliaria. Claro está que la patronal culpa de esto al gobierno porque "no somos competitivos". ¿Qué quiere decir esto? Pues muy simple. Lo que los empresarios expresan es su deseo de que el mercado laboral español sea más barato. Es decir, que compitamos con países en los que los derechos laborales simplemente no existen, en los que la explotación es la rutina y en el que la minoría elitista gobierna sobre la mayoría iletrada. Sí es necesaria una reforma laboral. Pero una reforma que ponga fin a los Expedientes de Regulación de Empleo, que acabe con la inestabilidad laboral, que dé mayor facilidad al trabajador para conciliar su trabajo con su vida personal, que garantice en definitiva, el derecho constitucional del Trabajo. También es una demanda básica la revisión del sistema funcionarial y la creación de más trabajo en el ámbito público, con la creación de nuevas empresas que cubran servicios básicos y sectores estratégicos. Hacen falta más profesores, más médicos y sobre todo, más hospitales y más escuelas.

Si ante esta crisis la respuesta ciudadana es el voto al PP, esta etapa, la juancarlista, será recordada como el retorno al turnismo, a la alternancia en el poder (salvo que la influencia caciquil ahora está realizada desde los medios de comunicación) de dos fuerzas mayoritarias. A pesar de los pesares, Zapatero es y ha sido el mejor presidente desde la reinstauración de la Monarquía Parlamentaria, pero necesita algo básico: participación. Sólo desde una ciudadanía más participativa, más plural y más comprometida consigo misma podremos salir de este sistema cruel, sanguinario e injusto. Alcemos esa bandera Roja, Verde y Blanca y digamos alto y claro al poder (pero al poder de verdad, al del mercado, no al gobierno) que no nos van a derrotar. ¡Ciudadanos del mundo, uníos!