jueves 18 de junio de 2009

Irán

Estos días, los ciudadanos de todo el mundo estamos asistiendo como meros espectadores al conflicto de Irán con una mirada en la que se entremezclan dos sentimientos tan enfrentados como la esperanza y la preocupación. Esperanza por un país secuestrado durante décadas por el régimen de los Ayatolás en el que los iraníes están tomando las calles para exigir más derechos y más democracia. Preocupación ante la respuesta que el gobierno despótico de Mahmud Ahmadinejad está dando a estas demandas de sus súbditos.

Todo huele mal en la reelección del presidente fundamentalista. Los sondeos mostraban que el voto joven se inclinaría decididamente por el candidato reformista, Mir Hussein Musaví. A esta intención de voto hay que sumar la fuerte voluntad de las mujeres de apoyar un nuevo rumbo para Irán, en el que sus derechos se verían reconocidos. Tanto los jóvenes como las mujeres acudieron a las urnas de forma masiva, y la victoria de Musaví empezaba a celebrarse con cautela. Los datos oficiales otorgaron pocas horas después un increíble 62% a Ahmadinejad. Desde entonces, la antigua Persia vive en un clima de rebelión y represión que ha dejado ya ocho muertos entre los manifestantes reformistas. Musaví (conocido por ser un hombre de estado, que jamás ha alimentado ningún tipo de llama revolucionaria) ha convocado una marcha de duelo por los fallecidos.

El Consejo de los Guardianes de la Revolución (máximo órgano colegiado de Irán) está examinando el proceso electoral. Salvo sorpresa mayúscula, el régimen de los Ayatolás dará la razón al fudamentalista radical Mahmud Ahmadinejad. Mientras tanto, la represión continúa en las calles de Teherán y las principales ciudades del país. Los encarcelados se cuentan por cientos, aunque según apunta todo, lo peor está aún por llegar. El gobierno de Ahmadinejad está expulsando a los periodistas y cortando conexiones a internet y telefónicas. No quieren ningún tipo de testigo del horror que están apunto de desatar.

Sólo el tiempo dirá si la voluntad de cambio de todo un pueblo es capaz de derribar un gobierno que está dispuesto a hacer la "guerra contra el infiel", a desarrollar su programa nuclear, y que pisotea los derechos de los ciudadanos. El pueblo persa ha demostrado siempre su determinación e independencia. Ahora podemos estar asistiendo a una aunténtica revolución democrática o al principio de un genocidio. Pero el mundo será un simple espectador...

martes 2 de junio de 2009

25.000 parados menos...

... y el PP no sólo no se alegra, sino que siembra desconfianza. No están con los trabajadores. No están por hacer nada por los trabajadores. Lo que quieren es que el paro suba para ver si así su candidato, que ha perdido ya unas cuantas veces, gana de una vez las elecciones. Saldremos de la crisis con o sin ellos.