El documento "mucho PSOE por hacer" cae en contradicciones ideológicas y formales. Gran parte del análisis que hace de la situación del partido y de las causas de la derrota es correcto. Pero que quien hasta hace dos semanas se sentaba en un Consejo de Ministros salga hoy diciendo que no estaba de acuerdo con la acción del gobierno constituye tal muestra de cinismo que todos los firmantes deberían ser inmediatamente apartados de la política. Las cosas hay que decirlas cuando corresponde, y mientras que gran parte de la militancia señalaba el descontento con el giro neoliberal -con las miles de bajas de afiliación correspondientes de quienes veíamos que no íbamos a ser escuchados-, estos señores cobraban sueldos millonarios y gozaban de todos los privilegios que supone el estar al lado del poder. Si Carme Chacón, López Aguilar, Cristina Narbona, Caamaño, Pajín y demás exministros eran conscientes de que el camino emprendido por el gobierno del que formaban parte no era el correcto para sacar a España de la crisis y de paso salvar la credibilidad del PSOE, ¿por qué han esperado al hundimiento del país y del partido para dar el paso? ¿Por qué han esperado al momento en el que Zapatero está más sólo para afearle su conducta? Sólo hay dos opciones. O mienten, o son unos cobardes. Ambas cosas desacreditan para reclamar el liderazgo de la izquierda social. Si el PSOE da el visto bueno a este golpe de oportunismo se lanzará sin paracaídas hacia una larguísima -y quien sabe si definitiva- travesía del desierto en el que dejará abonado el terreno para que aparezcan opciones de corte populista-fascista que se queden con su electorado.
Si los militantes que quedan en el PSOE pierden la oportunidad que les aparece ahora para exigir la democratización del partido y la vuelta a la ideología socialista en sus respectivas asambleas locales, si no demandan un debate claro de posicionamientos políticos antes de elegir a quienes les representarán en los Congresos Regionales, Nacionales y Federales que van a afontar en breve, y si no se logra un proyecto de unidad de las bases, de renovación total -escuchando también a los que han sido apartados durante estos años, sobretodo a los más veteranos- de sus direcciones políticas, si no se vuelve a las raíces de la Casa Labra, el PSOE estará condenado a su desaparición. Y si no se distinguen los discursos oportunistas y demagógicos de la clara voluntad de rectificar el rumbo, se volverá a caer en los mismos errores de los últimos años, y escucharán de nuevo a sus líderes decir una cosa y hacer la contraria. Pero sobretodo, si no asumimos todos -votantes, simpatizantes y militantes- que también estuvimos allí (en mi caso hasta hace unos meses), que también apoyamos a Zapatero de forma entusiasta y que no vimos venir la traición a nuestras ideas que ocurriría a partir de mayo de 2010, difícilmente los ciudadanos volverán a confiar en esas siglas. Por mi parte, dejé de hacerlo hace tiempo y dudo que quienes basan la política más en el forofismo que en la ideología -porque de eso no tienen- vayan a estar en absoluto de acuerdo conmigo.


