sábado 24 de diciembre de 2011

Yo también estuve allí

Si hay algo que distingue la verdadera izquierda de la pijiprogresía es el oportunismo. Hay sitios en los que un socialista nunca debe estar y actitudes que no se pueden tolerar. Y lo que hemos visto esta semana por parte de los ministros "zapateriles" es un clarísimo ejemplo de lo que no se debe hacer. Mentir, hacer demagogia y negar la mayor. A pesar de que hace ya siete meses que decidí el "cese temporal de la convivencia" (que según la experiencia suele ser definitivo) con el PSOE, reconozco y me identifico con el gesto que la segunda línea del gobierno ha tenido para decir que sí estuvieron allí, que la acción del gobierno de Zapatero fue respaldada por ellos y que no se puede intentar mentir tan descaradamente a los ciudadanos haciendo un enorme ejercicio de hipocresía.

El documento "mucho PSOE por hacer" cae en contradicciones ideológicas y formales. Gran parte del análisis que hace de la situación del partido y de las causas de la derrota es correcto. Pero que quien hasta hace dos semanas se sentaba en un Consejo de Ministros salga hoy diciendo que no estaba de acuerdo con la acción del gobierno constituye tal muestra de cinismo que todos los firmantes deberían ser inmediatamente apartados de la política. Las cosas hay que decirlas cuando corresponde, y mientras que gran parte de la militancia señalaba el descontento con el giro neoliberal -con las miles de bajas de afiliación correspondientes de quienes veíamos que no íbamos a ser escuchados-, estos señores cobraban sueldos millonarios y gozaban de todos los privilegios que supone el estar al lado del poder. Si Carme Chacón, López Aguilar, Cristina Narbona, Caamaño, Pajín y demás exministros eran conscientes de que el camino emprendido por el gobierno del que formaban parte no era el correcto para sacar a España de la crisis y de paso salvar la credibilidad del PSOE, ¿por qué han esperado al hundimiento del país y del partido para dar el paso? ¿Por qué han esperado al momento en el que Zapatero está más sólo para afearle su conducta? Sólo hay dos opciones. O mienten, o son unos cobardes. Ambas cosas desacreditan para reclamar el liderazgo de la izquierda social. Si el PSOE da el visto bueno a este golpe de oportunismo se lanzará sin paracaídas hacia una larguísima -y quien sabe si definitiva- travesía del desierto en el que dejará abonado el terreno para que aparezcan opciones de corte populista-fascista que se queden con su electorado.

Si los militantes que quedan en el PSOE pierden la oportunidad que les aparece ahora para exigir la democratización del partido y la vuelta a la ideología socialista en sus respectivas asambleas locales, si no demandan un debate claro de posicionamientos políticos antes de elegir a quienes les representarán en los Congresos Regionales, Nacionales y Federales que van a afontar en breve, y si no se logra un proyecto de unidad de las bases, de renovación total -escuchando también a los que han sido apartados durante estos años, sobretodo a los más veteranos- de sus direcciones políticas, si no se vuelve a las raíces de la Casa Labra, el PSOE estará condenado a su desaparición. Y si no se distinguen los discursos oportunistas y demagógicos de la clara voluntad de rectificar el rumbo, se volverá a caer en los mismos errores de los últimos años, y escucharán de nuevo a sus líderes decir una cosa y hacer la contraria. Pero sobretodo, si no asumimos todos -votantes, simpatizantes y militantes- que también estuvimos allí (en mi caso hasta hace unos meses), que también apoyamos a Zapatero de forma entusiasta y que no vimos venir la traición a nuestras ideas que ocurriría a partir de mayo de 2010, difícilmente los ciudadanos volverán a confiar en esas siglas. Por mi parte, dejé de hacerlo hace tiempo y dudo que quienes basan la política más en el forofismo que en la ideología -porque de eso no tienen- vayan a estar en absoluto de acuerdo conmigo.

sábado 5 de noviembre de 2011

Bueno ¿y ahora qué?

Cada día se hace más patente que estamos a las puertas de una revolución. Quien conoce la historia sabe como estamos condenados a repetirla. Cuando un sistema colapsa, llega un momento en que la clase dirigente sólo puede mantener sus privilegios y poder mediante el ejercicio de la opresión y la tiranía al resto de clases sociales, que sólo termina cuando éstas toman conciencia de sí mismas y se rebelan contra sus amos. El capitalismo pseudodemocrático ha fracasado, y estamos a las puertas de un nuevo sistema, el capitalismo fascista que impone por la fuerza y sin contar con la opinión contraria de los ciudadanos aquellas medidas que favorecen al monstruo del mercado especulativo global. Lo hemos visto en Grecia con especial virulencia, y en toda Europa hay grupúsculos embrionarios de vanguardia. Elementos que de momento sólo están planteando a la clase dirigente que cuente con su opinión, pero pronto se convencerán de la necesidad del desalojo de la oligarquía del poder económico y político y la construcción de nuevas instituciones para organizar la sociedad.

También se observa un deterioro evidente de la calidad de la clase política que sirve de Corte al Rey Mercado, sintiéndose privilegiada pero sin capacidad de decisión política fuera de los márgenes marcados por el monarca absoluto. Sarkozy, Merkel, Cameron, Brown, Berlusconi, Papandreu, Zapatero, Rajoy, Rubalcaba... ninguno de los líderes de esta Europa del Capital goza de la más mínima confianza de los ciudadanos, que se ven desposeídos de su representación política en favor de la nueva nobleza partitocrática.

¿Por qué los mercados se tambalean con una consulta directa a los ciudadanos mientras hacen guiños a la convocatoria de elecciones? Porque las elecciones las controlan mediantes sus herramientas institucionales, mientras que en los referéndum los ciudadanos toman conciencia de lo que se juegan realmente. ¿Qué ocurriría si a los ciudadanos españoles les plantearan abiertamente si aceptan los recortes sociales y la condena absoluta a la miseria y la precariedad de por vida que les ofrece el sistema? Sin embargo, los voceros de esta precariedad, los que nos dicen que "tenemos que apretarnos el cinturón", mientras que inyectan dinero al sistema bancario (o sea, nos quitan nuestro dinero para evitar que Botín tenga pérdidas) y abaratan el despido van a tener según las encuestas al menos 330 de 350 escaños en el Parlamento (PSOE+PP+CiU+PNV+UPyD). Los ciudadanos no votan pensando en lo que van a hacer los partidos que les van a gobernar. Si se sometiese a refrendo popular cada una de las decisiones de este Parlamento, posiblemente ni una pasaría la prueba. No obstante, la propaganda se encarga de infantilizar al votante para que acuda a las urnas llevado por los "sentimientos" en lugar de por motivos racionales. Y luego, cheque en blanco para los próximos cuatro años.

Sé que hay mucha gente que sabe que vota por inercia, que es consciente de estar manipulada por las estructuras partidistas y que tiene la impresión de que se avecinan tiempos convulsos. Sed valientes y pegadle una pensada antes de ir a votar. Pensad si queréis realmente que Rajoy o Rubalcaba tengan la capacidad de usar los cuerpos antidisturbios para disolver manifestaciones pacíficas, asambleas, o huelgas. Pensad si aceptáis un plan brutal de recortes que incluye la privatización de la sanidad y la educación, el despido libre o la supresión de parte del subsidio de desempleo. Pensad si queréis que una parte indecente de vuestros impuestos vayan a invadir países con los que no tenemos nada que ver (Libano, Irak, Libia, Afaganistán... y otras ¿misiones humanitarias?), al rescate de los bancos y las grandes fortunas, a la construcción de obras megalomaníacas de politicuchos narcisistas. Eso es lo que ofrece el bipartidismo y las fuerzas que le hacen de comparsa. Nos la jugamos todos, pensad en el futuro.

sábado 27 de agosto de 2011

Terremoto reformista

La visita del papa, además de hostias para todos, ha traído consigo un nuevo milagro de Benedicto Equis Uve Palito. Zapatero y Rajoy parecen haber escuchado aquel verso de Reincidentes que rezaba "todos juntos de la mano caminando hacia el señor", y se han abrazado fraternalmente para parir una nueva panacea neoliberal: la Reforma Constitucional. No sé que pensará el Vaticano sobre este nacimiento fuera del matrimonio, pero es más que probable que Rajoy, que es un tipo convencional, pida la mano a un vapuleado Rubalcaba para un matrimonio de gran coalición cuya ceremonia tendrá lugar el 20 de noviembre.

En el PP están encantados. Gobernar con mayoría amplísima y sin oposición. Ni una sola voz más allá del ¡vivan los novios! que exige el protocolo. En el PSOE sin embargo hay quien de repente se ha dado cuenta de la jugada y ha recordado que tiene que volver a presentarse a las elecciones (y les va en ello el sueldo). Comienzan entonces desplantes y rumores, y las redes sociales se llenan mensajes -unos más enérgicos, y otros mucho más tibios- de diputados en contra de la reforma. Pero eso sí, de momento nada apunta a que vayan a atreverse a solicitar un referéndum con el que soñamos gran parte de la población. Aún no se han dado cuenta de que lo importante no es el resultado de las elecciones (que todos nos olemos cuál va a ser), sino el estado en que el Partido va a quedar tras esto ante la sociedad.

Si ellos no se atreven, no quedará más remedio que seguir luchando en la calle. Eso sí, las cosas se van a poner mucho más feas de lo que están ahora. ¿Por qué corre tanta prisa el constitucionalizar el techo de endeudamiento? Muy sencillo. Es un primer paso ante el rescate al que va a tener que ser sometida España por parte de la Unión Europea. Tras esto, gobierno de coalición, y privatización de la gestión de todos los servicios públicos para poder pagar las deudas (no sé si hace falta que diga que este inverosimil escenario es el que ya se da en Grecia, Portugal e Irlanda). Sigo sin entender porqué le llaman rescate cuando quieren decir saqueo. Los diputados del PSOE (y en especial del PSC) tienen en sus manos el demostrar si les queda algo, ya no de izquierda, sino de su carácter mínimamente centrista o han cedido definitivamente ante las tesis neoliberales.

jueves 28 de julio de 2011

Una ruta interior

Durante la última semana, he tenido la oportunidad de participar en la historia de este país, siendo una de las centenares de personas que se han dirigido hacia Madrid con la Marcha Indignada. En el camino he podido ver unas ganas de cambio tremendas, y la esperanza en un país deprimido, ahogado por los mercados y prácticamente abandonado (excepto en masificados centros urbanos) no es un bien que abunde. Sin embargo, el viaje más interesante es el que se produce en el interior. En la Marcha, hemos coincidido personas de toda clase (que no de todas las clases), razas, edades, y grupos sociales. La anunciada ruptura generacional es una falacia, ya que tanto en las marchas como en las Asambleas la heterogeneidad en el rango de edad era absoluta. Desde niños llevados allí por sus padres, hasta abuelos que venían a denunciar la situación de miseria en la que se encuentra buena parte de la "tercera edad" de nuestro país.

Cosas como estar tumbado delante de un cordón policial en silencio mientras que una chica temblorosa, megáfono en mano, lee ante los agentes ese despertador en que se ha convertido el "Indignaos" de Hessel. O escuchar a profesores universitarios (doctores en sus materias) hablar en las asambleas de las necesidades reales de cambio social, sentados bajo el Palacio de Cristal del Jardín del Buen Retiro. O los aplausos y estupefacción de los vecinos al cambiar en el callejero de Getafe los nombres de plazas y calles por los de "consenso", "democracia" o "libertad". En Elche, mientras tanto se derriban monolitos a la Pasionaria y se dedican avenidas a alcaldes franquistas.

Decía que la ruta es sobretodo interior. Literalmente, los "indignados" (no termina de gustarme el nombre, pero todo sea por la unidad) hemos chocado contra las vallas del sistema. Y pacíficamente, nos hemos sentado delante. Lo único que pretendíamos era hacer llegar un documento hasta el Congreso de los Diputados, pero la respuesta por parte del gobierno han sido más agresiones, más porras y más violencia. Por primera vez, he visto sombras de duda en los rostros de los polícias (hay que entender que a ellos el sistema los tiene cogidos también de los huevos), e incluso hemos oído hablar a alguno en Asambleas. La distancia interior con el Congreso se convierte en astronómica, a pesar de que físicamente sólo nos separan algunos metros. El documento, que recoge lo que todas las marchas se han ido encontrando por el camino y realiza un certero análisis de la situación de España, está en manos del Presidente del Gobierno gracias al diputado de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares. Se ofreció él a llevarlo, y se le permitió con la promesa de que en ningún caso sería utilizado para sacar réditos políticos. Pero de nuevo estamos a galaxias de distancia, porque el Presidente del Gobierno ha evitado referirse a él y la Vicepresidenta Económica ha rechazado coger una copia que le ofrecía un grupo de personas. Ese es nuestro gobierno, porque nuestro sistema se lo permite.

La única vía de cambiar todo esto, según parece el sentir generalizado, será llenando las urnas de aire en las próximas elecciones generales. La mejor manera de participar será no participando en el sistema electoral que tanta ineficacia y putrefacción está generando. ¡Ojo! No hablo de no creer en la democracia, sino todo lo contrario. Ya que nos hemos dado cuenta de que esta democracia no es real, lo único que podemos hacer es no participar en la pantomima.

domingo 3 de julio de 2011

Recuperemos nuestro espacio

Un fantasma se ciñe sobre Europa, 163 años después. Es el fantasma de la clase trabajadora sin representar. En un momento en el que el gran negocio se llama política de rescates, los ciudadanos normales, los currantes, nos hemos quedado sin representación pública en un sistema que curiosamente llaman “democracia representativa”. La política se ha convertido en un medio de promoción del estatus personal, de la posición social y -en definitiva- de ganar dinero. No hace falta mirar a eurodiputados que vuelan en primera y cobran millones de euros en dietas, nos vale con fijarnos en la política a cualquier escala. No es precisamente la clase trabajadora la que toma las decisiones, pese a ser la mayoritaria. Nos están haciendo creer que no hay más remedio que abrazar las medidas que favorecen a banqueros, empresarios -y no me refiero a quien tiene un comercio o una fábrica, sino a los propietarios de obscenas fortunas que están ahogando a los más pequeños- y políticos. Nos dicen que no se puede hacer nada porque, por ejemplo, Telefónica despida a 8.000 trabajadores en España en un año en el que sus beneficios han sido espectaculares. También tenemos que soportar la normalización de que nuestros políticos se dediquen a hacer negocios sucios que van a la yugular del sistema económico y que han provocado su desmoronamiento internacional. Si admitimos la corrupción -y parece que hay una mayoría que la ampara- somos culpables de nuestra propia situación, y nos merecemos lo que nos están haciendo pasar.

Como decía al principio, de nuevo un fantasma se ciñe sobre Europa. La última vez que los trabajadores se quedaron sin representación, la solución fue crear los Partidos Socialistas de toda Europa. Aquella chispa tuvo como resultado el mayor progreso social que ha conocido la historia humana, sirviendo simplemente la organización de los trabajadores para que se aflojara la soga con que les ahogaba la clase dirigente. En nuestro caso, como siempre con retraso, fue Pablo Iglesias junto a otros trabajadores e intelectuales quienes dieron forma política al movimiento con la fundación del Partido Socialista Obrero Español en 1879. No era entonces un partido que se codease con grandes empresarios y banqueros, sino que era la punta de lanza que denunciaba y luchaba contra sus abusos. Era un partido de clase y por tanto de masas, y por fue uno de los grandes responsables de conducir la historia de España a su primera experiencia democrática -y quizás la única- en 1931. ¡Claro que no fue perfecto! El pueblo estaba gobernando por primera vez (recordemos, por ejemplo, que el 50% de la población no había podido votar jamás), y no todo el mundo tenía la misma idea de cómo debían ser las cosas. El asesinato de este régimen cinco años después hace que sea muy difícil juzgar a la población española de aquel momento y valorar los hechos simplificando en buenos y malos es absurdo.

Ante la situación actual -que todos reconocemos como pésima- a los ciudadanos nos quedan dos opciones. La primera es atacar el sistema desde fuera, planteando una enmienda a la totalidad y construyendo una alternativa de modelo social. La subversión pura y dura, aceptando las consecuencias de la legítima desobediencia civil. La segunda es incluso arriesgada y difícil de plantear. La tan cacareada memoria histórica nos dice que los trabajadores tenemos una herramienta que ya fue diseñada en 1879, y que fueron los más desfavorecidos quienes lo hicieron. Si permitimos que esa legítima fuerza de clase siga estando al servicio de los mercados, tenemos que empezar de cero. Tras 9 años militando muy activamente en el PSOE, puedo asegurar que tiene resortes democráticos para permitir un cambio total en lo que hoy es. Y mucho ojo, no es una llamada al bipartidismo, ya que hablo de afiliación y no de voto. Los ciudadanos podemos cambiar el modelo electoral y de toma de decisiones, pero para eso primero tenemos que estar en las instituciones, o bien derribarlas.

De hecho, ambas opciones -la de derribar el sistema desde dentro o desde fuera- son perfectamente combinables. ¿Qué legitimidad tendría la clase dirigente si no permitiese la afiliación de los trabajadores para la defensa de sus intereses comunes? ¿Qué ocurriría si la militancia del PSOE dijese entonces un no rotundo a las políticas que se están desarrollando y que nos devuelven a la indefensión y a la esclavitud encubierta? ¿Podrían expulsar entonces a esos militantes críticos? En efecto, podrían. Eso dejaría sin ningún tipo de validez ningún anhelo “representativo” de los dirigentes pseudosocialistas.

Somos muchos millones los que hace cuatro años votamos al PSOE y que no lo haremos en las próximas elecciones. Me pregunto que podría pasar si todos los que consideramos que nos han estafado y defraudado no sólo no les votásemos, sino que fuésemos a las agrupaciones a afiliarnos y llevásemos a los comités y congresos del PSOE (cuyos miembros se elijen democráticamente en asambleas locales) un ¡Eeehhhh, yo no quiero esto! Y definitivamente me pregunto que ocurriría si ese grito fuese el de la mayoría de la clase trabajadora en la misma cara de la “alta clase política” que hoy dice representarnos. Porque si no nos dejan esa opción ¿qué derecho tienen a seguir llamando a esto democracia?

P.S. Hay una tercera posibilidad que no he querido contemplar. No hacer nada, no es una opción. No participar en estos momentos en la búsqueda de soluciones y en la lucha por la devolución de la soberanía a la población constituye una clara dejación de responsabilidades equivalente a la aceptación de ser esclavo y permitir que el resto también lo sea.

viernes 17 de junio de 2011

¿Quién miente?

Los últimos días están siendo raros. Desde que se hizo pública mi decisión de abandonar Juventudes Socialistas he recibido muchas llamadas de apoyo, de indignación por lo que está ocurriendo y de resignación ante otro atropello a la democracia interna. A todos vosotros, gracias. Y gracias a aquellos que siempre han apoyado un proyecto independiente, de izquierdas y dialogante, y cuya voz ha sido secuestrada. También, y aunque manifesté mi baja de la organización el 27 de mayo, he recibido correos en los que se pide que no se comenten mis afirmaciones, que sólo pretendo hacer daño a Alejandro Soler y al PSOE. Después de haber pasado más de 10 horas diarias en la sede del partido durante cinco meses en la campaña del ex Alcalde (sin fines de semana, sin ver a mi familia, dejando a un lado mi vida personal y los estudios...) escuchar estas cosas no es más que ridículo. Daño al PSOE hacen aquellos que con sus actitudes mezquinas están dispuestos a lo que sea por trepar en las estructuras internas. Evidentemente, ese no es mi propósito, ya que he decidido no continuar siendo militante.

Pero no voy a permitir que se me llame mentiroso. El pasado 9 de marzo, Héctor Díez (ahora concejal y que es quien ahora ha dicho a la prensa que todo es un berrinche mío por no contar con apoyos suficientes y que las afiliaciones se han producido de una forma natural) me reenviaba un email del Secretario de Organización Nacional en el que éste comunicaba a Juventudes Socialistas de España que “Hay un antiguo militante que quiere medrar en este proceso [la sucesión tras la marcha de Héctor Díez], y está montando un grupo "crítico" con la actual dirección (cuya gestión a mi entender es muy buena) y quieren afiliar masivamente a gente. Hay compañeros que están llevando 20-25 fichas de golpe para que se den de alta, incumpliendo los procesos de afiliación, pero exigiendo que la CEL los cumpla escrupulosamente.” El Secretario Nacional de Organización continúa exponiendo el caso de la Agrupación de Elche y afirma “sé perfectamente que en lo único que quieren participar es en la asamblea. Si de verdad quisieran participar no estarían tan preocupados por lo orgánico, sobre todo a 74 días escasos de las elecciones”. Por último, finaliza su escrito señalando cuál iba a ser el futuro de la agrupación: “Creo que lo único que quieren es preparar el camino para posibles impugnaciones, posibles recursos y crear antecedentes de sospecha para minar la credibilidad de la actual CEL.”

Por supuesto, además de este e-mail, tengo multitud de actas de reuniones, recursos a la Comisión Ejecutiva Federal, fotocopias de documentos en los que se ve claramente cuál es el proceso de reunirse en casa de un excompañero para preparar el asalto a Juventudes… Pero por suerte lo que también tengo son compañeros. Esa gente que aunque uno ya no sea militante, serán compañeros toda la vida. Esa gente que lleva años dando mucho tiempo a la organización, que son mayoría en Joves Socialistes d’Elx y que ahora ve como su voto, su voluntad y su participación democrática ha quedado secuestrada por la entrada en el censo de más de 40 personas (amigos y familiares de la parte minoritaria). Cuando la Federal nos dio como única solución hacer lo mismo, afiliar independientemente de las ideas políticas, sino simplemente para manipular una asamblea, me disteis una lección. Nosotros no somos así, nosotros morimos, pero lo hacemos con dignidad y con valores democráticos. Otros no pueden asegurar lo mismo. Otros mienten y se olvidan de quienes fuimos quienes le apoyamos para que hoy tengan su acta de concejal.

miércoles 25 de mayo de 2011

Sobran los motivos

¡Menudas sorpresas y alegrías da la vida! Estaba uno en plena campaña electoral, y aparece sin que nadie se lo espere un movimiento ciudadano que se muestra indignado ante la situación. ¿Por qué ahora? Sinceramente, creo que uno de los detonantes ha sido la propia campaña electoral. Muchos de nosotros llevamos años preguntándonos si es necesario realmente gastar cantidades ingentes de dinero en carteles, vallas publicitarias, cuñas de radio, anuncios de televisión realizados por productoras, revistas propias de la prensa rosa, etcétera, etcétera. También ha llegado la hora de que los propios militantes de los partidos (incluídos los mayoritarios) hagamos muchas reflexiones sobre si es este el funcionamiento democrático que queremos y si pensamos que hemos de defender a pie juntillas lo que impulsan nuestros líderes nacionales.

Lo único que está pidiendo el pueblo es dignidad. El fin de la corrupción, la devolución del protagonismo a la ciudadanía como soberana del poder político, el cambio en las reglas del juego en el sistema financiero para que el sistema de deuda deje de ser la esclavitud y la miseria del siglo que no terminamos de estrenar. El fin de los privilegios políticos y de un sistema electoral que hace posible que un partido como Izquierda Unida tenga dos diputados con 969.946 votos y CiU tenga 10 con 779.425 votos. Más flagrante aún es el caso del PNV, al que sus 306.128 le bastan para obtener 6 diputados. No es posible que en la Comunidad Valenciana 262.000 votos hayan sido tirados a la basura (por no hablar de la abstención, que siempre tiene sus motivos sociológicos o ideológicos y que no se ve representada). ¿Qué clase de sistema democrático es este? A mí me enseñaron que democracia es que el pueblo gobierne y no siento que esté gobernando por meter un voto en una urna. Si el pueblo gobernara, no permitiría la explotación económica a la que se ve sometido por los bancos, las compañías de seguros, las petroleras, las empresas de electricidad, las telefónicas... Trabajamos todos para ellos, y el que no encuentre trabajo, sobra en el sistema. Que se joda. Haber estudiado (por cierto, en España estudiar no es ninguna garantía de nada). Pues va a ser que no. Los jóvenes de este país tenemos derecho a ser felices, a vivir como nos dé la gana, y a no soportar un futuro que se nos pinta muy negro. Y los más veteranos lo saben, y los necesitamos en la plaza. Sea cual sea su ideología, necesitamos a los referentes que ya hicieron esto antes. Es lo que más motiva de estar allí, cuando una persona mayor se acerca a ayudar, o incluso a estar allí y colaborar en todo, dándonos su ejemplo. Eso y el ver a tanta gente joven discutiendo sobre el futuro que queremos para nosotros y en qué mundo querremos criar a nuestros hijos.

No pedimos gran cosa, pero sabemos que tenemos que actuar para que todo cambie. Tenemos que ser más, y tenemos que sentirnos una sola voz plural. Con respeto y tolerancia hacia la ideología de quien tenemos al lado, porque todos queremos lo mismo. Sin liderazgos, pero con contundencia en la defensa de los objetivos comunes. Ese el al menos, mi punto de vista de lo que sería una sociedad democrática de ciudadanos libres. Si estás indignado y no sabes de qué va, busca información por internet, vídeos, fotos... o acércate y pregunta. Esto va enserio. Vamos a cambiar las cosas.